La semana pasada finalmente escuché de la competencia. Sí, de aquellos que me patearon el trasero e intentaron humillarme cuando fui a pedir trabajo hace 1 año. Me habían llegado rumores antes de que me querían con ellos, pero apenas hace cuatro días recibí la primera llamada ofreciéndome chamba.
No sé si me da risa, coraje o tristeza.
Es curioso cómo te quieren cuando se dan cuenta que ya no te tienen. Yo digo que es falta de visión: tenían frente a ellos una mujer dispuesta a partirse la madre por su chamba y me ofrecieron una concha bimbo y un vaso de leche como pago. Y eso porque, según ellos, me estaban haciendo un favor.
En cambio, en mi nuevo lugar, me dan apapacho especial: no sólo me cuidan y están a punto de pagarme más, sino que además me dejan salir temprano, ponerme de genio, gritonear (muy diferente a gritar), mandonear (muy diferente a mandar), me regalan cenas dobles, me mandan de vacaciones y hasta me dejan bloggear.
La vida es una ironía.
Todo tiene consecuencias.
Now live with it.
(And fuck you by the way).