Al cincuenta

Hoy dejé todo a la mitad y no me da pena aceptarlo.

Me salí del trabajo temprano, dejé a M. y C. plantados,
comí sólo la mitad de un platito de yakimeshi sin tampico
(estúpido restaurante caro con servicio pésimo),
y soñé a A. por la noche y le pensé por la mañana.

Son las cuatro cuarenta p. m. Estoy en mi cama,
cubierta con una cobija de las dos que tiene,
con medio paquete de galletas Oreo a un lado
y unas ganas encabronadas de tener a alguien junto a mí.

¿Cómo putas se puede depender de algo inexistente?

 

Me declaro incompleta.

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