Empiezo ésto sin pies ni cabeza. Es más, dudo que con alguna intención. Escribo lo que me viene a la cabeza, lo que me explota, lo que me grita en el corazón, lo que se me ocurre, lo que me mata, me vive, me hiere, me duele y también lo que ni siquiera me es.
Cuento la historia de una aquella que no soy con partes de quien soy pero no confieso. Soy sólo una princesa a la que le gusta ver letras en la pantalla. Qué más da: ya renuncié a escribir amando y a amar a escribir.
De chicle el corazón,
de a huevo la supervivencia.
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